La CDMX que retrató Cuarón

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Roma

La película Roma del cineasta mexicano Alfonso Cuarón, ha llamado la atención en todo el mundo, especialmente por dos situaciones: la destacada actuación de su protagonista Cleo, interpretada por Yalitza Aparicio, una joven oaxaqueña de apenas 25 años, licenciada en una Escuela Normal como profesora de preescolar; y dos, los problemas previos a su estreno en Netflix.

Esta última situación no posibilitó que el material fuera exhibido en las principales cadenas de cine nacional. Según destacó el cineasta a través de sus redes sociales, en México se proyectaría en sólo 40 salas mientras que en Polonia se contemplaron 57 salas y en Corea del Sur 50.

Roma es una película ambientada a comienzos de la década de los setenta en Ciudad de México, particularmente en la colonia Roma.

La historia se basa en la infancia del director, representado en el personaje de Paco, convirtiéndose así en una de las producciones más íntimas que nos ha dado Cuarón, dejándonos conocer un poco más de su persona y la experiencia de vida que tuvo por aquellas calles de la colonia Roma.

Pero… ¿cómo era y qué pasaba en la Ciudad de México que vivió Cuarón cuando niño? ¿Cómo se divertían los chilangos por aquellos días? ¿Cómo lucía nuestra ciudad? Dudas que nos saltan a todos cuando vemos casi medio siglo al pasado, para otros, bellos y gratos recuerdos llegarán a su memoria.

Los últimos 50 años han visto el crecimiento de Ciudad de México de una forma increíblemente acelerada. Según con cifras del Censo General de Población 1970, a la ciudad le daban vida alrededor de 6 millones 874 mil mexicanos.

En 1970, el Metro inauguraba algunos de los primeros tramos de las líneas 1, 2 y 3. Aún pasaban los tranvías por avenidas principales y todavía te podías subir a los llamados “cocodrilos”, taxis caracterizados por la simulación de mandíbulas pintadas a sus costados y que para los setentas ya habían evolucionado con otras presentaciones como las llamadas “guacamayas” y “cotorras”, esto por sus colores.

Cada colonia que formaba la Ciudad de México era prácticamente una pequeña comunidad que tenía a la mano todo lo necesario para la vida cotidiana, lo que evitaba la necesidad de transportarse grandes distancias para remediar los problemas de la vida diaria.

Las tiendas Blanco eran de los principales almacenes a donde podías ir a hacer tus compras y aprovechar su promesa de mantener los precios desde 1900.

En los parques y las plazas públicas se presentaban espectáculos distintos, baste mencionar el concierto que en 1971 protagonizó El Divo de Linares, Raphael, con toda su excentricidad y en uno de sus mejores momentos triunfó por todo lo alto en la Alameda.

Ciudad Universitaria era una de las zonas más alejadas de la ciudad y visitar el Estadio azteca podía convertirse en todo un paseo por la avenida Tlalpan.

La gente solía andar despreocupada por la calle, caminar las tardes de domingo por los parques y sentarse a descansar del Sol a la sombra de un árbol. Se trataba en general de un ambiente de tranquilidad y seguridad más allá de las vicisitudes propias de la urbe.

El fútbol era un deporte que poco a poco gana más espacios y popularidad entre la gente, el Zacatepec era un equipo de primera división y la rivalidad América-Guadalajara ya acaparaba las tapas de los principales diarios deportivos.

Es importante recordar que en 1970 México fue sede mundialista por primera vez en su historia, y vio salir campeón del mundo por última vez al ídolo brasileño, Pelé.

Se vendían televisores de la marca Philco, donde se acostumbraba ver las telenovelas que ocupaban los horarios estelares por la tarde.

La década inició con el cambio de gobierno de Gustavo Diaz Ordaz a Luis Echeverria.

Bajo ese ambiente propio de los años setentas, las páginas de la historia nacional se marcarían con un hecho difícil de borrar: apenas 3 años después de lo sucedido en Tlatelolco en 1968, una nueva represión a estudiantes durante una manifestación tendría lugar, se trató de la “Matanza del jueves de corpus” o “El Halconazo”.

El 10 de junio de 1971 una manifestación de estudiantes fue violentamente reprimida por un grupo paramilitar conocido como “Los Halcones”, dejando un saldo de víctimas fatales que hasta el día de hoy no se ha logrado precisar, así como múltiples heridos.

La historia del Halconazo es algo que el cineasta Alfonso Cuarón no pasaría por alto al traernos el drama de Roma.

Si nos preguntamos cómo nos contaría un niño de 10 años la vida que tuvo entre las calles de la ciudad, un vecino de la colonia Doctores, nos narra el recuerdo de sus experiencias de la siguiente forma:

“Un peso era suficiente para sobrevivir cada mañana en el lejano 1971. Con un peso era posible comprar una inmensa memela, una especie de sope con frijoles en medio, bañada con salsa verde, queso y para que el alimento no se quedará atorado en el cogote, una Mundet roja a la que todavía el escurría el frío del hielo de dudosa procedencia, todo eso con un peso.

Esa vida era parte del escenario de las calles de la colonia Doctores, vecina de la Roma, en el inicio de los setenta.

Para los oriundos de la Doctores, la Roma era como un territorio de cierta exclusividad, la gran frontera era Avenida Cuauhtémoc y para llegar a esa frontera cinco grandes calles que a los 10 años sonaban a epopeya.

Era un andar por Cuauhtémoc, Niños Héroes y la inmensa farmacia San Isidro, a unas calles de la entrada al Metro que cuando niño me resultaban un verdadero misterio, por el simple hecho de que la vida para un chamaco no requería viajar grandes distancias.

La escuela primaria muy cerca del Mercado Hidalgo, un verdadero laberinto de olores, colores y sabores, y enfrente de la escuela, el Cine Titán que los fines de semana era refugio de las hordas infantiles que degustaban el menú de películas de luchadores, monstruos de cartón-piedra y aventuras espaciales de tres pesos.

El momento de aventurarse en la Roma ocurría cuando la mañana de un sábado cualquiera de ese 1971, los amigos de la cuadra tomábamos rumbo hacia el Parque Estadio, ubicado frente al Centro Médico Nacional y muy cerca del Conjunto Habitacional Miguel Alemán, los que se desfiguraron un 19 de septiembre de 1985.

En una cancha de cemento, los rivales eran una runfla de gañanes de lo más oscuro de la Roma. Patadas por doquier, amenazas familiares, goles celebrados al delirio y la pelota de plástico que en muchos de los casos se convertía en trofeo de la victoria.

El regreso al terruño era por la zona de hospitales, el de cardiología, el infantil. Una parada obligatoria era la parte posterior del centro antirrábico, en donde teníamos la osadía de retar a los perros con interminables gritos y esperar algunos segundos para los ladridos y los aullidos de la muerte que los esperaba”.

Eran los días de ese 1971.

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