Si la Diana Cazadora hablara: una de las historias más emblemáticas de la ciudad

Diana Cazadora
Fuente: Revista Alarma!, 28 de julio de 1992. Hemeroteca Nacional

Es literalmente una diosa, la Diana Cazadora es una de las figuras más representativas de la ciudad de México.

A sus más de 50 años, se mantiene joven y llena de vida. Nunca habla, pero sus historias, reflejos de los cambios políticos, culturales y sociales de la capital mexicana, hablan por sí solas y son dignas de ser contadas. Aquí rescatamos unas cuántas:

Cuando le pusieron taparrabos

Era 1942, La Flechadora de las Estrellas del Norte (como se llamó en un principio) no tenía ni un año de haber sido inaugurada cuando la Liga de la Decencia, una organización protectora de la rectitud y las ‘buenas conciencias’, encabezada por la esposa de Manuel Ávila Camacho, puso el grito en el cielo.

Resultado: se le mandó colocar un calzoncillo de bronce no fuera a ser que ese cuerpo escultural, encumbrado en lo alto de una fuente, desviara del buen camino a más de un cristiano.

Note vaya a dar un resfriado

En la década de los 60, la juventud era desenfrenada y la Diana Cazadora lo sabe. No faltó el chistosito que le pusiera brasier y minifalda, como en la escena de la película ‘Los caifanes’ (1966).

Los Caifanes, Cinematográfica Marte S.A / Estudios América, 1966

En ella, un grupo de amigos recorre de noche la ciudad en busca de diversión; ansiosos de hacer una ‘jalada’, logran su cometido y ‘se pelan’ ante la llegada tardía de la policía.

¡Mucha ropa! ¡Mucha ropa!

En los años 60 soplaron aires de libertad, mismos que le quitaron los velos a la Diana y la mostraron como Dios la trajo al mundo (o mejor dicho, como su creador, el escultor Juan Olaguíbel, la concibió desde un principio).

Era 1967 y estaban por celebrarse los Juegos Olímpicos de México 68; se tomó en cuenta que iban a venir personas de países en los que era de lo más normal que hubiera estatuas desnudas en lugares públicos y ni modo que aquí no estuviéramos en onda, así que se decidió devolverle a la Diana su belleza original.

Disculpe las molestias que estas obras le ocasionan

Para 1974, México ya no era la ciudad pequeña y cómoda de treinta años atrás, sino un monstruo que crecía descontroladamente.

Debido a las obras del Circuito Interior (hoy Circuito Bicentenario), la Diana tuvo que mudarse al pequeño Jardín Ródano, donde permaneció prácticamente escondida por muchos años como una joya en la oscuridad.

¡Queremos a Diana! ¡Queremos a Diana!

En 1987 fueron muchas las voces que se levantaron para exigir que la Diana fuera devuelta a su glorieta original.

Durante cinco años, la llamada ‘mujer de bellas formas’ se dio a desear, pues fue hasta 1992 cuando regresó, orgullosa y erguida como una celebridad, para embellecer la principal arteria de la gran ciudad.

Comprometida con las causas sociales

 

La Diana Cazadora, pese a la altura de su posición, no ha sido ajena a las causas de la sociedad que la admira. En este siglo XXI se ha vestido de rosa, por ejemplo, en favor de la lucha contra el cáncer de mama. Recientemente se puso mascarilla de oxígeno en demanda de aire limpio y protestó, con pañuelo verde en brazo, para que se garantice el aborto legal, seguro y gratuito en todo el país.

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