Esta iniciativa de cambio de horario pudo salvarnos de la contaminación, pero nos ganó la flojera

inversión térmica en la CDMX

Corría el año de 1986, el terremoto de un año antes provocó el desplazamiento de miles de capitalinos a la periferia. La mancha urbana crecía sin control y con ella la contaminación: la polución se comía los pulmones de los chilangos. Para solucionarlo el plan incluía atacar la inversión térmica en la CDMX.

Contaminación en la Ciudad de México

El deterioro en la calidad del aire en los 80

Desde finales de los años 80, el crecimiento de la población en el entonces Distrito Federal y el área metropolitana se mantuvo prácticamente sin ningún control eficiente.

En esa misma década se realizaron los primeros esfuerzos por lograr mediciones en la calidad del aire que respiramos los chilangos. Uno de los mayores esfuerzos fue el Programa de Contingencias por Episodios de Contaminación del Aire en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (PCEPCA).

Este programa preveía tres niveles de alerta interna, para la CDMX y otro más amplio que incluía el área metropolitana. Este programa iba desde la reducción de 33% de las actividades en las industrias más contaminantes hasta el paro total de la actividad industrial, escolar y la prohibición del uso de vehículos automotores privados.

Foto: Biblioteca Digital Ilce

Según informaba el diario La Jornada, el nivel uno se activaba entre los 200 y 300 puntos en el Índice Metropolitano de Calidad del Aire (Imeca). Por cierto, este índice era elaborado y difundido por la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (Sedue).

El nivel dos comenzaba entre los 300 y 400 puntos y el nivel tres estaba entre los 400 y 500 puntos. La situación de emergencia metropolitana sólo podía darse cuando el índice superaba los 500 puntos Imeca.

Las acciones que el programa trató de implementar en el nivel uno era la reducción de la actividad industrial un 33%, 66% en el dos y total en el tres. En el nivel dos se suspendían las actividades externas en las escuelas y se tenían que dar medidas de autoprotección por medios masivos de comunicación.

El nivel tres contemplaba la suspensión de actividades en las escuelas y detener las flotillas de vehículos oficiales. El nivel máximo de emergencia planteaba el cese de toda actividad escolar, industrial, comercial, y de servicios exceptuando el eléctrico, el telefónico, el hospitalario y el farmacéutico.

Todo este programa trataba de mantener los niveles de contaminación lo más bajos posibles. También se planteo evitar que la inversión térmica en la CDMX dejara atrapada la contaminación a lo largo del día.

La inversión térmica en la CDMX

La inversión térmica, si es que no estás muy familiarizado con el término es cuando en zonas altas de la atmosfera el aire se calienta en lugar de enfriarse. De esta forma dónde se presenta este fenómeno atmosférico, el aire que esta debajo no puede ascender y dispersarse pues es demasiado denso, mientras que el de arriba, que es más cálido y menos contaminado no logra descender.

inversión térmica en la cdmx

El fenómeno de la inversión térmica en la CDMX se volvió una constante, por lo cual la contaminación no lograba dispersarse y se iba acumulando más y más, subiendo los índices de contaminantes.

Por eso se planteo que en invierno se atrasaran dos horas los relojes en toda el área metropolitana. Esto con la finalidad de que las actividades en la ciudad comenzaran dos horas más tarde, cuando la inversión térmica ya estaba rota.

La idea no era del todo mala, ya que alrededor de las 9 -10 de la mañana la inversión térmica en la CDMX rompe, si la actividad comenzaba antes había mayor oportunidad de que los contaminantes se dispersaran.

Foto: Biblioteca Digital Ilce

Pero era pararse más temprano… si sufrimos con el horario de verano, imagínate con una hora más temprano.

También te recomendamos: Hace más de 30 años cayeron pájaros muertos del cielo y la historia está cerca de repetirse

Visita nuestro perfil en Instagram.