La historia de La Villita

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Basílica de Guadalupe
Imagen de la construcción de la Nueva Basílica de Guadalupe

La bendición a la Nueva Basílica de Guadalupe dejó un saldo de 432 heridos, luego de las aglomeraciones de fieles que se presentaron a la celebración de la nueva morada guadalupana.

La Nueva Basílica de Guadalupe es el recinto católico que alberga uno de los símbolos de identidad mexicana más amados: la imagen de la Virgen de Guadalupe. Pero, no siempre ha sido su refugio el mismo que conocemos actualmente.

La imagen de la Virgen de Guadalupe se localizó en Tlatelolco hasta el año de 1531, cuando fue reubicada al pie del cerro del Tepeyac. Desde ese entonces y hasta el día de hoy no ha abandonado su ubicación, aunque sí se tuvo que mudar de casa.

Fue a comienzos del siglo dieciocho cuando se santificó el hoy Templo Expiatorio de Cristo Rey como nueva morada de la guadalupana.

Este templo, que hospedó la santa imagen por más de 200 años, fue elevado a la categoría de Colegiata, es decir, un tipo de iglesia que es administrada por un cabildo y que no es sede de un obispo.

Más tarde, ya iniciado el siglo veinte, lograría ascender a la categoría de Basílica, esto es, un templo que dentro del rito católico acoge un tesoro sagrado, y nada más sagrado para el mexicano, después que la madre propia, que la madre guadalupana.

La estructura de esta sede mariana se vio afectada por dos factores principales: el primero fue la construcción, a un costado, de la Parroquia de Santa María de Guadalupe Capuchinas y, el segundo, el hundimiento gradual que se presentó en el terreno, mismo que se ha presentado en diversas zonas de la Ciudad de México.

Sumado a estos problemas estructurales, el fervor hacia la imagen de la Virgen de Guadalupe se acrecentó con el correr de los años, lo que a la larga hizo inviable su uso, demandando un nuevo templo para recibir a los miles de feligreses que año con año se dan cita ante su altar.

El 12 de diciembre 1974, día en que se celebra su aparición, dieron comienzo las obras para la construcción de la Nueva Basílica de Guadalupe, las mismas que finalizaron para el 12 de octubre de 1976, en el llamado Día de la Raza.

Desde la apertura de sus puertas en 1976 hasta la fecha, son millones de fieles los que año con año se dan cita desde todas partes de la República, en peregrinaciones que se ven interminables: en bicicleta, a pie, de rodillas, solos o en familia, vestidos con trajes típicos, acompañados de música, celebrando a sus gremios, en fin, la Nueva Basílica de Guadalupe es prácticamente un monumento a la fe e idiosincracia del mexicano.

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