El aviador que cometió una locura por amor en el Monumento a la Revolución

La Ciudad de México está llena de historias, algunas trascendieron hasta nuestros tiempos y otras fueron tan particulares que se quedaron sólo en la memoria de los periódicos. Es el caso de la anécdota del aviador que cruzó el monumento a la revolución, un gesto de amor que jamás se repitió y que vale la pena contar una vez más.

monumento a la revolución

El Monumento a la Revolución fue construido en 1938 en conmemoración de esta etapa de nuestra historia. Dentro se encuentran los restos de algunos de los próceres mexicanos que fueron pieza clave en la vida política del país, como: Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas.

La osadía en el Monumento a la Revolución

El monumento apenas cumplía ocho años cuando en 1946, el aviador Jacobo Fernández Valverde cometió la osadía que le costó la licencia de piloto y una multa de ocho mil pesos (una cantidad elevadísima si tomas en cuenta que el equivalente actual estaría entre los 80 y los 100 mil pesos, aproximadamente)

monumento a la revolución

El “atrevido piloto” como lo llamó el diario La Prensa en ese año, tomó sin permiso un avión que era propiedad del señor Arturo Carmona y en la comandancia dijo que realizaría un vuelo solo en una zona no habitada.

Pero el piloto español hizo todo lo contrario, viajó acompañado por su novia mexicana Elisa Flores Morales, y voló su avioneta cerca de las casas de la colonia Tabacalera para hacer gala de su pericia y atravesar el Monumento a la Revolución.

En este acto de amor, el piloto violó la ley de comunicaciones que prohíbe volar a alturas reducidas sobre zonas habitadas y cometió una infracción al volar con un copiloto no autorizado.

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De vuelta a la magia con la que fue creado

El monumento a la revolución fue erigido para ser el Palacio Legislativo de Porfirio Díaz, pero no llegó a serlo, con todo y su mármol italiano estuvo abandonado por décadas, incluso, la colonia Tabacalera se convirtió en una de esas zonas de la ciudad que se hicieron de mala fama y perdieron afluencia.

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Fuente: Monumento a la Revolución, Gobierno Federal

Hoy el Monumento a la Revolución está recobrando sus ánimos, los niños y jóvenes corren entre las fuentes instaladas a ras del piso, las calles aledañas ofrecen entretenimiento y lugares para disfrutar de alimentos y bebidas. Poco a poco regresa el romanticismo con el que lo rodeó en su primera década.

En un lugar que se ha vuelto en uno de los fondos predilectos de propios y extraños, ¿cuantos enamorados se habrán dado el “sí” en 73 años?

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