Enriqueta Basilio: la mujer que dio un poco de luz a los Juegos Olímpicos de 1968

Enriqueta Basilio

Habían pasado 10 días de la masacre del 2 de octubre, y en la ciudad era difícil pensar en las Olimpiadas sin recordar la mancha de sangre en Tlatelolco. Entre toda la controversia apareció una mujer que hizo historia. Su nombre es Enriqueta Basilio y el 12 de octubre de 1968 se convirtió en la primera mujer en encender el pebetero de los Juegos Olímpicos.

Enriqueta Basilio

1968 fue el año de las revueltas juveniles que denunciaron el racismo, el machismo y la criminalización de los jóvenes que esta vez decidieron no quedarse callados.
El 12 de octubre el duelo por los estudiantes era parte de la inauguración de unos juegos olímpicos con un contenido político más alto del que las autoridades esperaban, como lo explica el artículo 1968. Demografía y movimientos estudiantiles.

estudiantes en Lecumberri
Fuente: movimiento, 2 de octubre, Tlatelolco, Secretaria de Salud

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Enriqueta Basilio, un destello en 1968

Entre el miedo y el dolor, la mexicana Enriqueta Basilio hizo historia en la lucha feminista, 50 años más tarde declararía para la gaceta UNAM que, para ella, ese momento fue parte de “la lucha por la justicia, por la solidaridad, por no seguir permitiendo que nos sigan rechazando o haciéndonos menos, también en el deporte, ahora el deporte no es amateur; es profesional, por donde quiera que lo vean”.

Enriqueta Basilio

El recorrido de Enriqueta Basilio hacia el pebetero estuvo acompañado de aplausos y fotografías, los comentaristas elogiaban la figura y el porte de gacela de la deportista que se convirtió en la primera mujer de la historia en encender la llama de los juegos olímpicos.

Enriqueta Basilio

Enriqueta Basilio hizo historia en un momento en el que los ánimos del país estaban divididos, sin duda su imagen siempre será importante tanto para el feminismo como para la historia del deporte, pero es difícil olvidar que ese día, mientras ella encendía el pebetero, la inauguración tuvo entre mucha ausencias, la de una edecán que murió en la Plaza de las Tres Culturas.

Durante los Juegos Olímpicos de 1968, la imagen de Enriqueta Basilio convivió con las palomas blancas que surcaron el cielo de Ciudad Universitaria y con la protesta de Tommie Smith y John Carlos, los atletas negros que levantaron sus puños enfundados en guantes negros como una muestra del Black Power. En el escenario tampoco faltaron las rechiflas contra Díaz Ordaz acompañadas de la consigna “no se olvida”.

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