Celia Cruz: la rebeldía que le costó el exilio de Cuba

Frans Schellekens/Redferns vía Getty Images

Celia Cruz se ganó el título de La reina de la Salsa, el son de sus huarachas llevó el nombre de Cuba a todo el mundo, pero la isla que la vio nacer y que le regaló todo el sabor de sus canciones no pudo escucharla sino hasta el día de su muerte.

Celia Cruz
Fuente: Celia Cruz, 1957, Wikimedia Commons

Cuando Fidel Castro tomó el poder, después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, enfocó sus políticas a dar atención a las necesidades básicas de toda la población, mientras que los bares y antros quedaron prohibidos.

Celia Cruz era vocalista principal de La Sonora Matancera, una agrupación que nació en 1935 y desde entonces se colocó como uno de los máximos exponentes de la música cubana.

No tenían problemas para conseguir contratos dentro de la isla, pero la prohibición modificó todo y la falta de trabajo en Cuba los llevó a buscar contratos fuera del país. El 15 de julio de 1960 pudieron llegar a México y seis meses después se fueron a Nueva York, como explica el diario La Jornada.

Celia Cruz
Fuente: Celia Cruz 1959, Wikimedia Commons

Tras esta decisión, el gobierno castrista vinculó a Celia Cruz y a otros integrantes de la Sonora Matancera con el “imperialismo Yankee” y decidieron prohibir su música. Celia le tomó un gran odio a Fidel después de que le negó la posibilidad de asistir al funeral de su madre.

Celia Cruz jamás tuvo una participación activa en la política, pero siempre se consideró enemiga de Fidel y del Castrismo y nunca tuvo empacho en decirlo, incluso estaba “decidida a utilizar cualquier escenario para divulgar su anti fidelismo y denostar la revolución”.

Junto a Emilio y Gloria Estefan fue considerada como uno de los máximos exponentes del anticastrismo, lo que le costó no poder volver a pisar la tierra, según el reporte del diario La Nación.

La única vez que ‘La reina de la Salsa’ volvió a estar cerca de su tierra fue en la base militar estadounidense de Guantánamo, donde aprovechó para, literalmente, llevar un puño de Cuba consigo.

Celia fue enterrada en Nueva York, en julio de 2003, sobre su féretro depositaron ese puño de tierra cubana, la tierra en la que se volvió a escuchar el grito “Azúcar”, sólo depués de su muerte.

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