La noche que Jaime Sabines reventó el Palacio de Bellas Artes

0
2

A veces los poetas nos parecen figuras tan solemnes que es difícil verlos fuera de esa aureola de intelectualidad y sabiduría, lejanos al común de las personas.

Otras veces, los poetas parecen estar destinados a llevar una vida tortuosa, llena de líos. Algunas veces son sólo amorosos, como lo fue Jaime Sabines.

Entre voces, Jaime Sabines en Bellas Artes, INBA, FCE, 1996.

Gracias al amparo del Fondo de Cultura Económica y como parte de la serie ‘Entre Voces’, se grabó ‘Jaime Sabines en Bellas Artes’ el 30 de marzo de 1996. Esa noche, Sabines conquistó el Palacio de Bellas Artes, cual rockstar de las letras.

Jaime Sabines en Bellas Artes

La Sala Principal del Palacio de Bellas Artes fue testigo mudo de la noche en que Jaime Sabines, con la tranquilidad del tiempo que es su voz, se adueñó del escenario sin moverse del escritorio.

Entre voces, Jaime Sabines en Bellas Artes, INBA, FCE, 1996.

Sólo era él sentado frente a un libro con su obra, una jarra de vidrio para un vaso con agua sobre una charola plateada, todo puesto en un escritorio brillante. El escenario decorado con dos ramos de flores y tres luces. Alrededor un vacío en negro. Por dos micrófonos la voz del chiapaneco llegó incluso más allá del Palacio.

El público se mantuvo callado, hipnotizado, mudo, como si se tratara de un hechizo que sólo les dio oportunidad para los aplausos. A las afueras, un Palacio abarrotado de escuchas, las paredes eran delgadas para la voz que se interpretaba a sí misma.

Más de una vez Sabines rompió en llanto. La primera fue tras una ovación de casi dos minutos, con el público de pie y gritando, a lo que el poeta respondió:

“Estos son aplausos que lo lastiman a uno”.

Luego su voz se rompió al entonar la alabanza para la virginal “Tia Chofi”. Pocas veces se tiene la oportunidad de ver el sentimiento de un poeta cuando posa su mirada sobre su propio libro, y nunca verás a otro mantener la entereza como Jaime Sabines.

El mítico y cotidiano Jaime Sabines leyó 33 poemas, cada uno fue aplaudido con una especie de fanatismo pocas veces visto en el mundo de las letras. La lectura fue un recuento de su obra a través del tiempo, de principio a fin a lo largo de 50 años.

En algún momento, antes de la lectura de ‘No es nada de tu cuerpo’, la gente comenzó a gritar sus complacencias, como si fuera una banda de rock. El poeta incluso trató de complacerlos, sin embargo, con humor les hizo saber que no iba a salir de aquella selección que había pensado para esa noche.

Fue una de las pocas interacciones que tuvo el poeta con la audiencia.

En otras ocasiones, el honorable no pudo soportar la emoción, entre poemas se escuchaban risas, cuando la sátira llegaba. Algunas veces Jaime se detuvo a explicar el porqué leía un poema. Otras, al escuchar las primeras líneas el público interrumpía con aplausos.

‘Los amorosos’, ‘A estas horas, aquí’, ‘Te quiero a las diez de la mañana’, ‘Espero curarme de ti’, ‘Me dueles’ y ‘La Luna’ fueron los poemas más aplaudidos. Aunque no tanto como la ovación final que se escuchó interminable.

‘El Peatón’ que fue Jaime, ese ‘Lento y amargo animal’ en el que se convirtió, cimbró la Máxima Casa de la Cultura y las Artes como nunca nadie lo había hecho, como pocos podrán lograrlo.

Ojalá se hubiera “contagiado con más juventud”, como decía en sus poemas.

Entre las letras que tuvieron a bien nacer de la mano de Jaime Sabines, alguna vez pidió, casi como un grito de desesperación, que le pasara algo, que en verdad se muriera, que de verdad estuviera fastidiado, o que al menos se le cayera el techo de la casa un rato.

Así fueron sus palabras en ‘A estas horas, aquí’, y tal fue su deseo que al fin le pasó algo un 19 de marzo de 1999. Desde ese entonces se celebran diversas actividades culturales en torno a su persona y obra.

También te recomendamos: Más allá del realismo mágico: las películas inspiradas en la obra de Gabriel García Márquez

Visita nuestro perfil en Instagram.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here