Aniversario luctuoso de Juan José Arreola

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Juan José Arreola

La ciudad de Zapotlán el Grande, Jalisco, vio nacer a uno de los genios literarios más importantes que México se ha dado el lujo de tener: Juan José Arreola Zúñiga.

Su nacimiento se sumó al de otros grandes como Pita Amor, Emma Godoy y Alí Chumacero, todos hijos de 1918.

Fruto de familia numerosa de catorce hijos, pronto despertó en él el amor por las letras, del que su amplia y dedicada obra darían fe.

La conmoción que sacudiría al México de 1928 no pasaría por alto en la casa de los Arreola Zúñiga. En la nación, la muerte Obregón supone el fin de la era revolucionaría, mientras que en la vida de Juan José supuso el despertar político de un niño. Un año después Plutarco Elías Calles fundaría al antecesor del PRI, el Partido Nacional Revolucionario.

Su andar por los caminos de las letras lo llevaron a conocer a Pablo Neruda, a quien le rechazó la oferta de ser su secretario particular en un viaje a la Unión Soviética. Esto luego de un encuentro donde el joven Juan José pudo recitarle de viva voz a Neruda los poemas Farewell y Poema veinte.

Con apenas un cuarto de siglo de vida, Arreola tiene la oportunidad de conocer a su tocayo y hermano de letras: Juan Rulfo. De ellos nace al instante una amistad entrañable que años más tarde premiaría a Arreola.

Por aquellos años del sexenio de Manuel Avila Camacho, es decir, el inicio de la década los cuarenta, Arreola realizó una variedad de trabajos editoriales en el periódico El Occidental y en la revista Eos, donde logró publicar el cuento Hizo el bien mientras vivió.

En esa misma década le llegó el amor a su vida, se casa con Sara Sánchez Torres, con quién tendría tres hijos, Claudia, Funesta y Orso. Con el matrimonio también vino la oportunidad de colaborar con Juan Rulfo y Antonio Alatorre, con quienes fundó la revista Pan.

Tras un viaje que realizó a París, Francia, bajo el cobijo de Louis Jouvet, regresó a México mermado física y económicamente, situación que lo lleva a ejercer el oficio de vendedor de sandalias.

Aquella mala racha comienza a enderezar el camino cuando logró ingresar como becario en el Colegio de México. Así, las puertas se le fueron abriendo para Juan José y llegó a trabajar como corrector de pruebas el Fondo de Cultura Económica.

Las complicaciones propias del camino de los escritores no lograron mermar el espíritu de Arreola, quien ya para la agitada década de los sesentas contaba en su haber con textos como La hora de todos, El Guardagujas, Varia Invención, La Feria y la que para muchos fue su máxima obra: Confabulario, la obra que en su momento elogiaría Julio Cortázar y que se permitió escribir gracias al financiamiento de una beca que le otorgó la Fundación Rockefeller.

Por su parte, el trabajo editorial lo llevó a colaborar en la publicación de trabajos de Elena Poniatowska, Carlos Fuentes, José Revueltas, Sergio Pitol y Fernando del Paso, entre otros.

Al final de la década de los setenta sostiene un dialogo de amistad y letras con Jorge Luis Borges. Esa amistad se fortalece en una inesperada y anecdótica visita en la casa de Arreola.

El florecimiento literario de Arreola vio su recompensa con el Premio Juan Rulfo, que recibió al termino de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 1992. Nuevamente los tocayos Arreola y Rulfo se encontraban.

El tres de diciembre de 2001, Juan José Arreola Zúñiga dejaría al mundo con un magnifico legado de letras mexicanas.

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