Las enchiladas suizas y otras maravillas que nos dejó el Imperio de Maximiliano

Retrato al óleo de Maximiliano, por Franz Xaver Winterhalter vía Wikicommons

La Batalla de Puebla del 5 de mayo de 1862 fue sin duda una proeza para las tropas mexicanas por haber superado al ejército invasor francés, uno de los más poderosos del mundo en aquel entonces. Sin embargo, la victoria no evitó la instauración de una monarquía encabezada por Maximiliano de Habsburgo, quien, apoyado por los conservadores, llegó a México en 1864 acompañado de su esposa, Carlota de Bélgica.

Aunque su gobierno fue de corta duración, su presencia y sus acciones dejaron huella en la historia de nuestro país. A continuación, recordamos tres cosas por las que bien podríamos darle las gracias al barbón emperador:

1) El Alcázar del Castillo de Chapultepec

A su llegada a la capital, Maximiliano y Carlota se establecieron en el Castillo de Chapultepec, un palacio virreinal construido en lo alto del Cerro del Chapulín.

Además de traer de Europa muebles, tapices, alfombras, obras de arte, vajillas y demás artículos finísimos que hasta la fecha se encuentran en exhibición, el emperador contrató a varios arquitectos a fin de embellecer su nuevo palacio al que, por cierto, llamó Miravalle. ¡Qué elegancia la de Francia!

Se dice que, para él, “construir castillos con terrazas ajardinadas” era sinónimo de felicidad. De ahí que también ordenara la creación del jardín situado en la azotea del edificio.

2) El Paseo de la Reforma

Debido a que en ese entonces se consideraba que el Castillo de Chapultepec estaba retirado de la ciudad de México, Maximiliano mandó la construcción de un bulevar que lo conectara directamente con el Palacio Imperial (hoy Palacio Nacional).

En un principio, la vía se llamó Paseo de la Emperatriz en honor a su esposa; sin embargo, dicho nombre fue cambiado tras la caída del Segundo Imperio Mexicano: por iniciativa presidencial, en 1872 se le dio el nombre definitivo de Paseo de la Reforma.

Hoy en día, Reforma es una de las principales arterias de la capital del país y quizá la más bella. Cuenta con emblemáticos monumentos como la Diana Cazadora y el Ángel de la Independencia y ha sido testigo de innumerables marchas, paseos ciclistas y hasta festejos futboleros.

3) Las enchiladas suizas

Tortillas dobladas y rellenas de pollo deshebrado, bañadas en salsa verde o roja y cubiertas de crema y queso gratinado. ¿Se te antojaron? Son las famosas enchiladas suizas; aunque se llamen así, no vienen del pequeño país de los quesos y los relojes, sino de la casa imperial de Maximiliano.

Cuenta la leyenda que el delicioso platillo recibió su nombre por su cubierta de crema y queso, la cual hace recordar la nieve de los Alpes Suizos. ¿Será?

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