The Doors en México: el concierto más “fifí” en la vida de Jim Morrison

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Ser joven y estar fuera del “buen gusto” de una sociedad recatada, era prácticamente un delito durante la década de los 60 en México. Si eras joven y te gustaba el rock, no había duda: estabas condenado. Por eso la vez que The Doors visitó México fue todo un escándalo.

La vez que The Doors visitó México

Mucho rock para una juventud con tan “buenos valores”

¿Qué te imaginas de un concierto de The Doors? Pues lo de siempre, un Jim Morrison poseído sobre el escenario por el espíritu del rock. Cantando a todo lo que da ‘Ligth my fire’ mientras se revuelca enloquecido en el suelo mientras Ray Manzarek suelta el preludio uno de los solos de teclado más elevados de toda la música.

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Bueno, pues eso que tienes en la mente fue lo más lejano a la realidad de lo que pasó la vez que The Doors visitó México.

Nos gustaría decir que fue una terrible decepción para los asistentes, pero no fue así. Pero para los rockeros de aquellos años (y de estos) ver a un Jim Morrison contenido ante un público conformado por “niños bien”, claro que fue una decepción.

El tema es que ese público rockero de corazón no estuvo presente en aquellas presentaciones. ¿Por qué? Porque más que concierto de rock, fue un recital para, según se cuenta, complacer al hijo consentido del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz.

Un contexto que lo ensombreció todo

Originalmente la presentación que nos había preparado Jim Morrison y The Doors serían 5 conciertos en la Plaza de Toros para 1969. Imagínate lo que hubiera sido eso: un montón de chavos con la latente necesidad de expresarse, de ser escuchados y un Jim Morrison en uno de sus mejores momentos. Fuego para la pólvora.

Recordemos que apenas un año atrás en la Plaza de las Tres Culturas un tiroteo había dado comienzo a la señal de tres luces rojas. Se trató de la represión al movimiento estudiantil de 1968 que culminó con la masacre de Tlatelolco.

En ese mismo 1969, meses después de al visita de The Doors, Díaz Ordaz tuvo que asumir la responsabilidad de lo sucedido.

Desde ese momento ser joven y no aceptar las cosas callado era tomado como un acto subversivo. No se necesitaba en realidad ser un rebelde ni un agitador, bastaba con tener una “mala pinta” para estar en la mira de las autoridades.

Sin “afectar” a los jóvenes

Por supuesto que estas manifestaciones culturales vistas desde la perspectiva del gobierno en turno “comprometían la estabilidad social” y ponían en “riesgo” a la juventud. No se iba a permitir, así como así, hacer una concentración de 40 mil jóvenes que iban a beber y fumar algo de marihuana.

Por eso el evento se dirigió hacia un espacio menor, incluso sin que Jim estuviera de acuerdo. Pasó de la Plaza de Toros al Fórum de la colonia Del Valle. La jugada fue que un tema burocrático imposibilito otorgar los permisos.

El Fórum era un lugar exclusivo al que no muchos jóvenes podían acceder, porque era un espacio par ir de traje y corbata y no era barato. A demás la capacidad sólo podía reunir a 1000 almas.

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Los detalles

Del evento no hay mucho que detallar, era un evento de “fifís”, todos bien sentaditos en su lugar, tomando un par de refrescos, sin arrugar el traje, cada uno en su mesa con una sonrisa quizá un poco tonta.

Eso sí, nunca se maltrató a los liderados por Jim, que lucía una espectacular barba. Lo más rockero que recordar de la vez que The Doors visitó México quizá sea cuando los fans los fueron a recibir al aeropuerto, aunque se cuenta que muchos no reconocieron a Morrison por su nuevo aspecto.

Eso sí, el ambiente de sus presentaciones no fue el esperado, pero The Doors se dio su tiempo para escaparse y visitar algunos bares de a Ciudad de México y “fiestear” un buen rato como ellos acostumbraban.

Sin embargo, la prensa sí que se sorprendería, rescatando que la salud mental de los jóvenes mexicanos se mantuvo integra sobre la “proyección sórdida y angustiosa de Morrison”.

Nunca México había visto a tantos “chamacos” juntos bebiendo limonadas… Quizá lo disfrutaron más quienes lo pudieron escuchar por radio.

El mito

Queda en el recuerdo la leyenda de que el mismísimo hijo de Gustavo Díaz Ordaz, Alfredo, presenció el talento de Morrison. Y no sólo eso, sino que además se fue con el músico a Los Pinos y ahí mismo en su casa fumaron marihuana.

Según se dice, el presidente descubrió a su hijo en tremenda fiesta y Jim Morrison tuvo que salir.

La verdad es que esta anécdota es sólo una leyenda que rodeó la visita de The Doors a México y nada más. Pero hasta el Tri le dedicó unas lineas en la canción de ‘Abuso de autoridad’.

No sabemos si la vez que The Doors visitó México de verdad se reventaron con el hijo de Díaz Ordaz. Lo que sí es verdad es que hace unos años se le asoció sentimentalmente con Thalía.

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