“Sobreviví a los dos sismos”: una historia de vida después del 19s

El 19 de septiembre es, desde hace 34 años, un día oscuro, telúrico, terrible, pero a la vez un recordatorio de la triste fragilidad de la vida y de la esperanza de que mañana todo será mejor. Aunque todavía late en la cabeza aquella noche del 20 de septiembre de 1985 y la frase: “la oscuridad de nueva cuenta”. Este es el testimonio de un sobreviviente de los 19 de septiembre, el de 1985 y del 2017.

El 19 de septiembre de 1985, 07:19 horas

19 de septiembre

Del sueño reconfortante a la pesadilla de la casa bamboleante. Del sueño al despertar para bajar las escaleras entre tumbos, enfilarse por el largo patio, observar con sorpresa cómo el drenaje brotaba y el piso se partía. A lo lejos el zaguán, los gritos y la urgencia de acompañar el vacilante paso de mi madre entre los dos bloques de viviendas de Doctor Martínez del Río número 65, en la Colonia Doctores.

19 de septiembre

Los más de 24 años de vivir en esa vecindad levantada con adobe, se convirtieron en un recuerdo que sigue vivo. La vivienda tenía dos niveles y se encontraba al fondo del viejo inmueble, por lo que la huida hacia la calle fue interminable.

19 de septiembre

La vecindad y la calle dejaron de oscilar y de brincar, vino el silencio y con él el panorama desolador. Al fondo veía la casa de mis 24 años y los tubos del drenaje como apariciones, milagrosamente los tanques de gas permanecieron de pie, mientras el polvo ya cubría los rostros de los muchos espantados por ese instante de furia.

19 de septiembre

Las siguientes horas fueron de confusión, de no saber qué había sucedido. Las primeras ambulancias, el recuento de los daños en la casa, mi madre cerca del soponcio, una de mis tías que trabajaba cerca de la casa llorando y los primeros rumores: una guardería se había caído a sólo unas calles de la vecindad.

La falta de energía mantuvo aislados a la mayoría de los vecinos, lo único que se escuchaban eran rumores de quienes se habían aventurado a las otras calles, luego que en mi cuadra no se había colapsado ningún edificio. Bendita suerte.

19 de septiembre

Las sirenas acompañaron el paso de la mañana, la tarde y la oscuridad del final de ese jueves, mientras la mayoría casi aseguraba que el terremoto había sido devastador.

Frente a la fragilidad de mi madre, la prioridad fue acompañarla a la espera del regreso de mi padre, fueron horas eternas de escuchar historias cruentas de gente atrapada, edificios derrumbados y una ciudad completamente incomunicada.

19 de septiembre

Horas de mal dormir, la tarde noche del viernes se dio el regreso de la energía y luego la terrible réplica del terremoto.

Y cerca de la ocho de la noche, en compañía de mi padre, un indescriptible paseo por la Colonia Roma para llegar a Insurgentes y acompañar a una de mi hermanas que tuvo la desquiciadez de ir a trabajar hasta Perisur.

19 de septiembre

El mismo fin de semana, salimos de la Colonia Doctores y buscamos como reorganizar la vida agobiada por el terremoto.

19 de septiembre de 2017, 13:14 horas

19 de septiembre

Otra vez el 19 de septiembre. Tras el simulacro por el recuerdo del 85, lo inimaginable, de nuevo un terremoto.

En la memoria, el trolebús circulando por Zapata, en la Colonia Portales, con rumbo al Deportivo de los Tranviarios.

19 de septiembre

Primero el bamboleo, luego el viejo trolebús bailando y brincoteando. La gente tratando de bajar y entre el miedo, los gritos para que nadie descendiera, la vieja unidad podría ser un refugio si un edificio se colapsaba.

El final del terremoto y rostros desencajados. La prioridad, caminar hasta mi casa en donde mis dos hijas, una de ellas afectada por el TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo y también víctima de ataques de ansiedad, todo ello disparado unos años antes por otro sismo, se encontraban solas.

19 de septiembre

El camino fue de decenas de personas en la calle, algunos edificios maltratados por la fuerza del terremoto, muchos de ellos recientemente levantados y sobre la Calzada de Tlalpan, el caos total.

Con cierta ilusión, cuando ya caminaba sobre las calles más cercanas, nada que lamentar, pero en la urgencia, mis hijas y mi esposa que había ido a trabajar a la zona de Villa Coapa

Y para sorpresa, mi hija afectada por el TOC no lucía alterada, educada en la prevención se había tomado su medicamento para enfrentar situaciones al límite, pero eso fue sólo un remanso, lo avanzado en su tratamiento simplemente se desmoronó.

Ese 19 de septiembre de 2017 fue el inicio de la reconstrucción de Andrea.

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