Animales fantásticos que dejaron maravillados a los conquistadores españoles

¿Has visto o leído ‘Animales fantásticos y dónde encontrarlos’? Si es así, has de saber que Newt Scamander tenía un vivo interés por criaturas como dragones, unicornios, salamandras y serpientes marinas.

Pues bien, hace casi 500 años un fraile aventurero llegó a lo que hoy es México y con la ayuda de informantes indígenas recopiló toda la información posible sobre los diversos animales que poblaban el vasto territorio.

Se llamaba Bernardino de Sahagún y no es difícil imaginarlo maravillado ante la belleza de un quetzal o ante una noche iluminada por luciérnagas.

A continuación, te presentamos algunos animales que figuran en su monumental obra titulada ‘Historia general de las cosas de Nueva España’:

 

Coyote

Para algunos españoles era un lobo y para otros un zorro, pero para Sahagún era un animal distinto, único, propio de esta tierra. Es hábil para cazar y come carne cruda, mazorcas, cañas e incluso pan. Cuidadito y le espantes a su presa, porque es vengativo y se desquita con tus gallinas.

 

Mapache

Por tener manos como de persona, los antiguos mexicanos lo llamaban “mapachtli”. Obtiene su alimento de los maizales, de los árboles y hasta de los magueyes; pero en invierno, a falta de maíz y fruta, come ratones y otras sabandijas. Aguas con tus cosas porque es ladrón y aunque luzca adorable, se roba todo lo que encuentra.

 

Tlacuache

Sahagún lo describe como un animalejo del tamaño de un gato, de orejas pequeñas, hocico largo y cola pelona. Tiene una bolsa entre los pechos y la barriga donde mete a sus tlacuachitos y los lleva a todas partes. Ni se te ocurra quitárselos porque llora por ellos.

 

Zorrillo

Este animal pequeño, blanquinegro y con pelos largos y alocados come gusanos y escarabajos, pero también mata a las gallinas y se come los huevos. No te metas con él porque alza la cola y te rocía un líquido que, en palabras de Sahagún, es “infernal y pestilencial”. Si te da en los ojos, te ciega.

 

Colibrí

Es un ave tan pequeñita que en vez de ave parece moscardón. Tiene el pico delgadito como una aguja, hace su nido en los arbustos y no pone más de dos huevos. Al igual que las abejas, chupa las flores, es muy ligero y vuela como saeta.

 

Cenzontle

Sahagún lo pinta como un ave parda con el pecho blanco y las alas ametaladas. Se distingue por su canto melodioso y variado. Es capaz de imitar al perro y a las demás aves. De ahí que nuestros antepasados lo llamaran “centzontlatole”, es decir, “pájaro de cuatrocientas voces”.

 

Anguila

Lo extraordinario no es que el fraile español haya encontrado anguilas de este lado del charco, sino el nombre que, según él, le daban los indígenas a este animal acuático: le decían “coamichin”, que quiere decir “culebra pez”. Por algo será.

 

Iguana

Se alimenta de moscas y de tierra y se la pasa en los árboles o en el agua. Al fraile franciscano le parecía espantable a la vista este animal, pues parece dragón y es tan largo como un brazo. Sin embargo, él mismo decía que no era ponzoñoso.

 

Víbora de cascabel

En la época prehispánica era vista como la princesa de todas las culebras. Sahagún la pinta de amarillo con manchas negras, escamas gruesas y unos eslabones en la cola que permiten saber su edad. Come animales como liebres y conejos y si se topa con algún ave, se la traga entera.

 

Mano de metate

La llamaban “metlapilcóatl”, que quiere decir “culebra gruesa como el rodillo para moler en el metate”. Según Sahagún, si se le mira de lejos no se distingue dónde tiene la cabeza y dónde la cola. Es oscura. Unas veces se arrastra y otras rueda como piedra de moler.

 

Mayate

Sahagún se refiere a él como un escarabajuelo que no hace ningún daño y es muy hermoso, pues le relucen las conchas como esmeralda, una de las piedras preciosas más elegantes que hay. ¿A poco no tiene razón?

 

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