¿Unas frías para desayunar? Ahora puedes hacerlo…

Cerveza

Desde el momento en que la tomas del refrigerador hasta que le das el primer sorbo lo sabes… Pocas cosas mejoran tanto tu día como una cerveza helada y aunque no lo creas, esta bonita sensación es milenaria, de hecho la cerveza tiene una importancia histórica en distintas culturas.

Importancia histórica

Así es: la tiene. Esta bebida tiene más de 12 mil años y se asocia al Periodo Neolítico de la Edad de Piedra, lo que significa que prácticamente nació con la agricultura. 

Al paso de los periodos de la civilización fue mutando: la elaboraban las mujeres y luego tomó un carácter más ceremonial y casi religioso (obvio, bendita chela).

Luego llegó a Escandinavia donde lo administraban las valkirias como permiso para ascender al Valhala (¿Te acuerdas del Thor chelero?). 

En ciertas zonas de Mesopotamia, o la América Prehispánica, si hacías cerveza de mala calidad te castigaban con la muerte (ya ven cómo éramos) y en el Imperio Inca la preparaban sacerdotisas vírgenes.

Para el Medievo europeo, le llamaban “El Pan Líquido”. ¡Guau!

Cerveza

Sabor ante todo…

Fue aquí cuando hizo su aparición el lúpulo, con el que se trabajó en los monasterios (¿ves?, una experiencia religiosa), dependiendo de si la base es la cebada o la avena, el punto es que la levadura le da un toque único y además cae súper bien a la panza. 

Lo que hace a la cerveza tan deliciosa es el proceso en el que se combinan sus ingredientes: agua. levadura, lúpulo y cebada o cualquier otro cereal, como el trigo. Eso es lo mejor de ella.

Es tan rica, que en países ultra cerveceros como Bélgica y obvio, Alemania, se consume para acompañar el desayuno gourmet.

¡Hasta hay quienes beben chela durante su clase de yoga! Así se puso de moda el año pasado: Brew Yoga, en la que el beneficio de beberla entre posturas es la total relajación. ¿Será?

Sin alcohol

Pero, aun cuando la mayoría de nosotros la disfrutamos de formas más ortodoxas, como en una tarde soleada, un fin de semana con carnita asada, o en las noches del viernes para convivir con los amigos, también hay mucha gente que le encanta la cerveza sin alcohol.

¿¡Quéeeee?! ¿Existe eso? ¡Claro! La mejor noticia es que podemos disfrutar de este fabuloso elixir de los dioses en situaciones que igual no habías pensado, pero suceden: cuando te embarazas, si eres godín y quieres una chela a la hora de la comida junto con tus taquitos o vas al gym y quieres una cervecita después.

¿En serio sabe igual?

Ahora puedes averiguarlo por ti mismo con opciones como Heineken 0.0, que conserva todo el proceso cualitativo de la cerveza y sus notas ligeras, sin el proceso de alcohol –no porque no nos guste, sino porque, simplemente, a veces no podemos–.

Inclusive, cuando eres el conductor asignado en una reunión casual o simplemente no quieres consumir alcohol pero sí degustar tu bebida favorita (porque nada sustituye a la chela, seamos honestos, y menos en México).

El proceso se respeta y es único, después inician la desalcoholización que suprime la graduación pero conserva su sabor intacto por la previa elaboración con los ingredientes naturales (¿ya dijimos que se elabora en la planta de Meoqui, en Chihuahua? ¡Arriba México!)

Además, esto le deja tan solo 21 calorías por cada 100 ml, ¡¡no tiene azúcares!!, al contrario, aporta minerales y antioxidantes naturales. Vamos, que ni te vas a enterar que no tiene alcohol porque sabe idéntico a una normal. 

De lo que se trata es de disfrutar una cervecita sin tener que preocuparte por nada: tú escoges cuál, porque obtienes la misma experiencia de sabor. Si no nos crees, pruébala; ahora puedes.

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