El cambio no está en uno mismo: la contaminación industrial a punto de acabar con el planeta

“Qué onda con el clima, está cada día más loco”; “en la mañana estaba soleado y ahora ya va a llover”; “todavía es invierno y ya hace un buen de calor”. Todos hemos escuchado o dicho alguna frase parecida a estas. Lo que no hemos querido aceptar del todo, es que esta situación se debe al cambio climático.

Todos debemos ser conscientes de la huella de carbono que dejamos en el planeta. ¿Pero somos las personas comunes y corrientes las responsables de revertir este mal?

Ojalá que fuera tan fácil como no tirar basura en la calle

Desde la Revolución Industrial (1780 – 1840) la de producción de gases de efecto invernadero se incrementó considerablemente. La aparición de tecnologías como la locomotora y el crecimiento de la población y las ciudades no ayudó para frenar esta situación, por el contrario, la impulsó más.

Fuente: William M. Connolley, vía Creative Commons

Es un hecho que todos los seres vivos producimos dióxido de carbono (CO2), pero las actividades industriales sin regulación ambiental fue lo que aceleró la emisión de gases contaminantes que producen el calentamiento del planeta.

Fuente: Greenpeace.org

Las industrias más contaminantes

Algunas de las industrias que más producen CO2 son al mismo tiempo las que más necesita el hombre, por ejemplo, la agricultura, la ganadería, la producción de energía y la industria a base de combustibles fósiles, así como la química industrial, las manufacturas y la construcción.

Fuente: Delorme Translation of terms into Spanish: Hiperfelix. Adaptation of layout: Basquetteur, vía Creative Commos

Según indican Jorge Zavala y Rosario Romero, investigadores de la UNAM, desde que la producción mundial se industrializó, el CO2 en la atmosfera aumentó un 35%. Pasó de 280 partes por millón (ppm) a 379 ppm. Para tener una idea más clara, en ocho mil años antes de la industrialización la cantidad de CO2 sólo aumentó 20 ppm.

Fuente: Greenpeace.org

Derivado de la actividad humana el planeta se ha calentado a una tasa promedio de 0.74 °C en el periodo de 1906 a 2005. Esto ha provocado que eventos de lluvia intensa aumentaran en los últimos 100 años.

En otras zonas del mundo se observa un incremento en la aridez en sus territorios. Por su parte, el agua disminuyó entre un 40 y 60% en apenas 50 años en algunas regiones de África.

Fuente: Greenpeace.org

Los indiferentes

Aunque algunos de los principales gobiernos del mundo han hecho diversos esfuerzos individuales y en conjunto con otras naciones, como el Protocolo de Kioto, para combatir los efectos del cambio climático los resultados no han sido los esperados. Incluso algunos esfuerzos han sido abandonados, como es el caso de Estados Unidos que se retiró del acuerdo global sobre cambio climático de París.

Jóvenes comprometidos

Ante este panorama es inevitable preguntarnos qué futuro nos espera. Esta misma pregunta se la hizo Greta Thunberg, una adolescente sueca que desde 2018 ha entregado sus viernes para exigir que los políticos pongan más atención al tema del cambio climático. Iniciando el movimiento mundial conocido como #FridaysForFuture.

Los jóvenes cada día son más conscientes de la necesidad de dar marcha atrás al calentamiento del planeta. La exigencia es clara, es necesario que se fomente una mejor educación entorno al cambio climático y, sobre todo, que los gobiernos vinculen sus decisiones con las investigaciones científicas.

Los esfuerzos individuales son una tarea que todos debemos mantener, las pequeñas acciones ayudan sumadas, pero son insuficientes, es necesario que los gobiernos y las industrias de un cambio radical si es que se quiere poner un alto al cambio climático.

¿El fin del mundo?

Aunque cortáramos de tajo todas las emisiones de CO2 en el mundo, algo que no es posible, el exceso de este gas se mantendría por muchos años. Por eso es necesario que las medidas se implementen ya, antes de que lleguemos a la hora cero en el ‘Reloj del Apocalipsis.’

Fuente: Ryanicus Girraficus vía Creative Commons

Y no, no es broma, dicho reloj es un símbolo que se empezó a usar en 1947 y mide en minutos el tiempo que nos queda antes de la destrucción de la humanidad, originalmente se propuso ante la amenaza nuclear por la junta directiva del Bulletin of the Atomic Scientists, pero hoy incluye el cambio climático como una amenaza que puede acabar con los últimos dos minutos.

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