Gandhi: la vez que el líder pacifista incitó a la gente a robar y a romper la ley

desobediencia civil

Si hay alguien que es admirado por revolucionarios, pacifistas y personas anti marchas, es Gandhi, él suele ser el centro del argumento en contra de las pintas, los cristales rotos y los autobuses incendiados en las protestas de cualquier tipo, pero en realidad los actos de desobediencia civil que promovía serían considerados actos vandálicos por algunos actualmente.

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Fuente: Gandhi Fundación de Cultura Islámica

La desobediencia civil no es para cobardes

En 1930, Mahatma Gandhi encabezó un movimiento basado en el pacifismo y en la oposición al conformismo y la falta de coraje ante la injusticia o el miedo a la violencia.

Esto no es contradictorio, el concepto de Gandhi sobre la no violencia permite acciones políticas activas cuyo principio es no hacer daño, pero no por ello deja de estar en contra de la sumisión, como quedó reflejado en la frase que rescató el Artículo No violencia y desobediencia civil:

“La opresión en la India es posible solo porque existe gente que obedece y colabora; la mayoría de las personas no comprenden que todos los ciudadanos, de manera silenciosa pero cierta, sostienen al gobierno que ejerce el poder de un modo que ellos desconocen”.

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Fuente: Gandhi, Fundación Premio Nobel

El concepto de no violencia se opone con el de “resistencia pasiva” que significa resistir las injusticias sin hacer algo para evitarlas. Y si te estás preguntando sobre el tipo de actos políticos que son permisibles según ésta postura, te contamos sobre el movimiento de desobediencia civil que lideró Gandhi.

La revuelta liderada por Gandhi es conocida como La marcha de la sal, en la que un grupo de simpatizantes del pacifista recorrieron 386 kilómetros para exigir la abolición el impuesto sobre la sal, un mineral necesario para la sobrevivencia en India, que con el clima húmedo y cálido propicia la deshidratación y pérdida de electrolitos.

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Fuente: Quangpraha, salt, Pixabay

Como lo dicta la postura política de la no violencia, Ghandi informó al Virrey sobre la marcha y aseguró que se llevaría a cabo si el impuesto injusto no se levantaba antes de 10 días, algo así como si avisaras públicamente que vas a encabezar una marcha por Paseo de la Reforma si no se toman en cuenta ciertas peticiones.

Gandhi fue acompañado por otros 78 hombres que invitaban a los hindúes de otras comunidades a unirse a la marcha, al llegar a las salinas, el punto donde acordaron que terminaría la procesión, el número de participantes aumentó a 50 mil y la marcha abarcaba tres kilómetros, según Archivos Historia.

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Fuente: Monicore, himalayan salt, Pixabay

Una vez allí Ghandi pidió a cada persona que lo acompañaba que tomara un puñado de sal, no lo pagaron, ni siquiera el impuesto así que básicamente fue robo, además motivó a la desobediencia social pidiendo que rompieran todas las restricciones de acceso que les había impuesto la corona inglesa.

Como consecuencia, la marcha de la sal se conoció en todo el mundo y comenzaron a  recibir apoyo internacional, también fueron inspiración para otros movimientos en la India, como los boicots textiles y los arrestos que hizo la corona inglesa contra dos desobedientes ascendieron a 60 mil en ese año, incluyendo a mujeres y niños.

A pesar del riesgo de perder la libertad no se detuvieron, e  incluso después de la detención de Gandhi la gente siguió quebrantando las leyes sobre la sal. Finalmente en 1931 la corona inglesa permitió que las personas pobres produjeran su propia sal o la tomaran de los depósitos sin que ésto fuese un delito.

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