Mujeres radioactivas: la trágica historia sobre abuso laboral y esqueletos luminiscentes

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Durante el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, la falta de mano de obra masculina dejó algunos espacios vacíos en la industria. Para la economía era necesario mantener la productividad, así que las mujeres comenzaron a tomar las riendas de este sector.

Había conductoras, deshollinadoras y hasta obreras del sector armamentístico como explica National Geografic, el reto no sólo era laboral, también sufrieron de rechazo, marginación y abusos.

mujeres trabajadoras. gran guerra

Uno de los casos más dolorosos, por su innegable negligencia, es el de las chicas del radio, mujeres que en su deseo de apoyar a su país y a sus familias encontraron una terrible muerte.

En 1914, se fundó en Nueva York la empresa Radium Lominous Material Corporation, que se dedicaba a la aplicación de pintura luminosa sobre relojes y otros objetos para que brillaran en la oscuridad.

mujeres trabajadores. radio

La pintura luminiscente estaba hecha de una combinación de radio, un elemento químico radioactivo, y zinc que lo dotaba de su tonalidad verde fluorescente, según explica el físico Alfonso Lara en su artículo ‘La oscuridad de las brillantes chicas del radio’.

La empresa tuvo varias modificaciones, pero desde su apertura hasta 1936 contrataron a mujeres jóvenes con manos pequeñas para que lograran trazos muy finos, el sueldo estaba por muy encima de la media, pero el riesgo era extremo.

A las pintoras se les explicaba que cuando el pincel perdía su delicado trazo, solo debían humedecerlo con la lengua y volver a darle forma con los labios, los supervisores decían que el consumo de Undark’, nombre de la pintura brillante, solo provocaba mejillas sonrosadas.

El inventor del Undark sabía que esto no era cierto, él sabía perfectamente el nivel de peligro: “una onza de radio en un tubo de vidrio ordinario, transportado en el bolsillo de un hombre común lo mata en 10 horas, destruye sus tejidos y sus huesos”.

Asímismo los gerentes y supervisores tomaban precauciones adecuadas, como el uso de batas recubiertas de plomo.

Las chicas del radio, como las nombraron los medios, no conocían los riesgos sino hasta que fue muy tarde.

La radiación constantemente emitida desde el interior de sus cuerpos por el consumo de la pintura, comenzó a degenerar su esqueleto y tejidos. Al hacer pruebas descubrieron que incluso los cadáveres de las víctimas seguían resplandeciendo.

Grace Fryer no fue la primera mujer en mostrar signos de enfermedad debido a la exposición al radio, pero estaba decidida a encarar una lucha contra los responsables un abuso que a ella y a sus compañeras les costaría la vida.

Grace y cuatro ex trabajadoras de la Radium Lominous Material Corporation demandaron a dicha empresa por los efectos a la salud de las malas prácticas laborales, la empresa compró valoraciones medicas y desprestigió a las víctimas, pero la lucha no cesó.

El caso de las chicas del radio fue uno de los primeros en el que una empresa fue responsabilizada por la salud de sus empleados, tras este y otros casos de negligencia similares se creo en Estados Unidos la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA).

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