Pancho Villa y su paso por la capital: un balazo en el techo y mucha historia

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Foto: Gustavo Casasola vía INAH

Los héroes de la Revolución Mexicana causan una cierta fascinación. Quizá porque sus historias fueron reivindicadas como un mito que se nos enseña desde pequeños, o por el valor real de los ideales por los que entregaron su vida, lo cierto es que hay muchos mitos que rodean su figura, como el balazo de Villa en La Ópera.

El mítico balazo de Villa en La Ópera

Según cuenta la leyenda de la época revolucionaria, en el local ubicado en las calles de Cinco de Mayo y la esquina con Filomeno Mata, un seis de diciembre de 1914 pasó por ahí el general de la División del Norte, Francisco Villa. Aquel local era desde esos días el bar La Ópera.

El techo de este establecimiento es el único testigo mudo de la presencia del Centauro del Norte en aquellos días en la Ciudad de México. En él se puede apreciar un orificio producto del impacto de una bala que supuestamente disparó, sin motivo ni explicación alguna, el en ese momento comandante del Ejército Convencionalista.

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Foto: Facebook La Ópera Bar

El orificio en el techo es la única prueba que tenemos de que la leyenda del balazo de Villa en la Ópera en verdad ocurrió. No hay alguna prueba, aunque son muchas las personas, turistas y chilangos las que se detiene en el lugar y tratan de observar el supuesto tiro desmotivado de Villa.

La otra versión

Según con Francisco Liguori, un epigrafista, señala que la verdadera historia del balazo de Villa en La Ópera no es como se ha contado. Sino que fue Bernabé Jurado, mejor conocido como “El abogado del Diablo”, quien a mediados de la década de los 50, en una borrachera intentó dispar contra otro ebrio del lugar, pero fu detenido y el disparo se incrustó en el techo.

Otro punto que no apoya la teoría del balazo de Villa en La Ópera, es que Villa no tomaba… ¿A qué entraría a una cantina sólo a disparar?

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Lo que si sabemos de la visita de Villa a la CDMX

Lo que no está en el mero plano de la leyenda es que villa efectivamente anduvo en la CDMX en aquellos días. Todo comenzó por una iniciativa de Venustiano Carranza.

El 1 de octubre de 1914, Carranza, jefe del Ejército Constitucionalista, convocó a una convención de jefes militares y gobernadores de los Estados. Está se desarrolló del 10 de octubre al 9 de noviembre, primero en la CDMX y fue trasladada a Aguascalientes.

Así fue como se conoció como la Convención de Aguascalientes. En ella, curiosamente, fue desconocido Carranza y tuvo que salir huyendo de la Ciudad de México con rumbo a Veracruz.

Eulalio Gutiérrez fue declarado presidente convencionalista y junto a las fuerzas de Villa partió con rumbo a la Ciudad de México. A partir del 30 de noviembre ñas fuerzas de villa comenzaron a arribar a la capital en un convoy de alrededor de 10 trenes.

Por su parte, el general del Ejército Libertador del Sur llegaba por Morelos. El cuatro de diciembre de 1914 Villa y Zapata se encontraron por primera vez Xochimilco. En esa reunión unieron sus fuerzas en un saludo efusivo que se selló con mole con guajolote, tamales y frijoles.

En esa reunión se produjo el acuerdo para que ambos ejércitos se unieran y entran triunfales a la Ciudad de México. Esto sucedió la madrugada del 6 de diciembre, cuando unos 50 mil hombres de Villa se reunieron con unos 15 mil zapatistas y ambos desfilaron por calles como Tacuba, Avenida Juárez y Plateros, hoy Madero.

 

Posteriormente, fueron recibidos en Palacio Nacional por Eulalio Gutiérrez y desde ahí vieron desfilar sus tropas, luego vino un banquete donde compartieron mesa los lideres revolucionarios, el presidente y José Vasconcelos. Las imágenes fueron captadas por Gustavo Casasola.

El rebautizo a Madero

Luego del épico encuentro de Villa y Zapata, el líder del norte visitó la tumba de Francisco I. Madero, donde se le pudo ver dejar caer un par de lágrimas ante los “Apóstol de la democracia”.

“Aquí en este lugar, juro que pelearé hasta lo último por esos ideales; que mi espada ha pertenecido, pertenece y pertenecerá al pueblo. Me faltan palabras”. Villa

Se cuenta que la mañana del 8 de diciembre, Francisco Villa rebautizó la calle de Plateros como Madero. Vila tomó una escalera y clavó en lo alto una tabla en donde se podía leer: Calle Francisco I. Madero. Como parte del discurso amenazó con fusilar a quien retirara la placa.

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