La represión en los dormitorios del Poli y la arbitrariedad de la prensa

Doce años antes de la toma a sangre y fuego del campus del Instituto Politécnico Nacional de Santo Tomás, durante el movimiento estudiantil de 1968. El gobierno del entonces presidente Adolfo Ruiz Cortines no tuvo miramientos para someter y acallar la protesta de 1956 que fue vital para las modernización del IPN y todo con la ocupación del dormitorio del Casco de Santo Tomás, una historia que merece ser contada.

El dormitorio del Casco de Santo Tomás

En abril de 1956, estudiantes del Politécnico Nacional iniciaron una huelga en demanda de una nueva Ley Orgánica, mejores planes de estudio, modernización de instalaciones y la construcción de nuevas escuelas.

dormitorio del casco de santo tomás

Los líderes del movimiento encontraron en el dormitorio levantado en Santo Tomás para los estudiantes que venían de otras entidades, el mejor lugar para operar y evitar el hostigamiento de la autoridad.

dormitorio del casco de santo tomás

Pero el 23 de septiembre de 1956, elementos del ejército tomaron el dormitorio, sometieron a los durmientes estudiantes, los llevaron ante la autoridad judicial y desmantelaron en cuestión de horas la protesta.

El linchamiento contra el dormitorio del Casco Santo Tomás

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Como sucedió en buena parte de la época de oro del presidencialismo, la prensa se sumó al linchamiento de quienes fueron sorprendidos por los soldados cuando dormían.

dormitorio del casco de santo tomás

“El Poli recibió su lección, ¡Ya era hora!”, fue uno de los titulares de las páginas interiores del diario La Prensa del 25 de septiembre.

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Y en los siguientes días, los voceros del gobierno, disfrazados de reporteros, aplaudieron la medida y condenaron a los estudiantes que habían estado hacinados en el dormitorio.

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El linchamiento fue unánime, pero para acallar las posibles protestas, el gobierno y el entonces director del IPN; Alejo Peralta, coincidieron en reformar la ley del instituto y construir lo que sería el campus de Zacatenco.

Por cerca de un año, elementos del ejército vigilaron las instalaciones de Santo Tomás, para evitar un nuevo brote del movimiento estudiantil y fue hasta el inicio del sexenio de López Mateos, cuando fue levantado el cerco.

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Aquellos días de septiembre de 1956 transcurrieron con cierta calma, lo que no sucedería 12 años después, cuando la tropa a bayoneta calada tomó el emblemático Casco de Santo Tomás.

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