Los precios carísimos de 1983

alza de precios

A finales de los años setentas en México surgieron grandes ganancias producto de la explotación petrolera, el llamado “oro negro”, un breve periodo de bonanza que concluyó en una crisis que golpeó los bolsillos de las familias mexicanas con una terrible alza de precios en 1983.

Los excedentes petroleros llevaron al gobierno de López Portillo al despilfarro de recursos, ya que se tenía una amplia capacidad de solventar el gasto, así el presidente se sintió con la confianza para poner en marcha varios megaproyectos como la presa Chicoasén y los complejos petroquímicos de La Cangrejera y Pajaritos.

El proyecto que llevaba a cabo Portillo buscaba el desarrollo y la modernización de la nación en un sólo sexenio. El Estado mexicano se volvió dueño de empresas que cubrían prácticamente todos los ramos, contando además con participación en otras tantas empresas como socio minoritario además de organismos descentralizados y fideicomisos.

La financiación de todos estos proyectos y los que se sumaron por parte de la iniciativa privada se dieron con dinero de bancos extranjeros, a través de la contratación de deuda externa. Algunas voces advirtieron del peligro que representaba el nivel de gasto al que se exponía el Estado mexicano y la apuesta univoca por el petróleo y la financiación extranjera.

Para el año de 1981 el precio del petróleo comienza a caer y el oro negro comienza a verse limitado, la sobreoferta del combustible por parte de otras naciones petroleras y la reducción del gasto por parte de los grandes consumidores de energéticos se vio disminuida, así el precio internacional del petróleo cae y con él la bonanza económica en México.

Sin embargo, el gobierno mexicano continuó con su política de gasto, lo que llevó al deterioro de las condiciones de estabilidad en el ámbito económico, principalmente en el tipo de cambio que se manejaba, la paridad peso dólar. Ante esta actitud, se dio una salida de capitales que condujo hacia el desplome económico y la devaluación fue inevitable, el peso llegó a valer menos de 100 pesos por dólar.

El 20 de agosto de 1982, en Nueva York, Jesús Silva Herzog, quien se desempeñaba como Secretario de Hacienda, le declara a la comunidad internacional, que el país se había quedado sin fondos, que no tenía solvencia para pagar su deuda y no sólo eso, sino que necesitaba incluso más dinero prestado para pagar lo que debía. Este acto estremeció a toda la comunidad internacional.

Ante este panorama, en septiembre se anunció la nacionalización de la banca. El despilfarro del éxito petrolero sólo sirvió para hundir a México en una profunda crisis. Ese fue el país en el que asumió la presidencia Miguel de la Madrid Hurtado.

El perfil de Miguel de la Madrid representó un giro en el modelo económico mexicano, pero no bastó para que su sexenio no iniciara con un alza de precios en 1983.

El nuevo año trajo consigo un alza en los precios de los productos que conformaban la canasta básica. La especulación y el acaparamiento de productos no ayudó en nada a que los precios se estabilizaran, sino que contribuyó al aumento.

El alza de precios afecto a productos como la carne, el aceite, el frijol, el huevo y la leche. Este incremento de precios se dio de una manera incontrolada, el alza de precios se daba sin autorización del gobierno desde finales de 1982 y hasta enero de 1983.

La crisis que seguía dejando sentir sus efectos, llevó incluso a sacar desplegados en los que se recomendaba a la población no consumir carne y a suspender su venta. De ese tamaño fue el alza en los precios.

Se trato de un golpe durísimo del que todavía tratamos de recuperamos.

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