Lecumberri y los presos políticos del Movimiento del 68

El enfrentamiento entre estudiantes y miembros del ejército mexicano en el Zócalo capitalino el 26 de julio de 1968 es un claro ejemplo de la frase “la gota que derramó el vaso”. Ese día estallaron los ánimos que se venían acumulando desde el enfrentamiento en el partido de tocho del 22 de julio del mismo año, el resultado de la explosión fueron: 43 estudiantes en Lecumberri y el fortalecimiento del Movimiento Estudiantil.

estudiantes en Lecumberri
Fuente: Lecumberri, Archivo General de la Nación

La ciudad fue el escenario de dos marchas autorizadas por el gobierno que se llevaron a cabo el 26 de julio, la primera estuvo a cargo de la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET) y la segunda fue organizada por la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED).

La Marcha del CNED debía partir de Salto del Agua y tenía como destino el Hemiciclo a Juárez, pero un grupo conocido como “Los Choforos” convenció a los manifestantes de continuar hasta la plancha del Zócalo, según el recuento que La Jornada hizo en 2008.

estudiantes en Lecumberri

La manifestación continuó sin saber a lo que se enfrentaban, entre las calles perpendiculares a Madero, actualmente una de las calles más transitadas del Centro Histórico, se encontraban grupos de granaderos que tenían el objetivo de mitigar las protesta. 

Los estudiantes en Lecumberri, el ícono inmortal de la lucha

Entre gas lacrimógeno, macanazos y un aproximado de 500 heridos, algunos fueron arrestados como presos políticos. Afortunadamente, a pesar del régimen opresor de Gustavo Díaz Ordaz los presos políticos no estuvieron totalmente incomunicados.

estudiantes en Lecumberri

Los estudiantes en Lecumberri no sufrieron de una total privación de sus libertades, lo que les ayudó a crear lazos de identidad a partir del sufrimiento, como lo explica el artículo México 68: hacia una definición del espacio del movimiento. La masculinidad heroica en la cárcel y las “mujeres” en las calles.

Quienes compartieron habitación, también se hermanaron en la frustración, miedo, angustia y dolor. Ninguno de ellos hubiera elegido la prisión sobre la libertad, pero todos aceptaron que esa experiencia sirvió para crear vínculos de fraternidad entre los dirigentes que posteriormente serían el rostro del Movimiento Estudiantil. 

estudiantes en Lecumberri

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Tampoco estuvieron incomunicados con el mundo exterior, incluso recibieron libros y visitas de sus profesores que nutrieron su postura política, hasta hubo quien hizo su tesis y solicitó un examen de oposición, pero el gobierno se negó a permitir que la cárcel se convirtiera en un aula universitaria.

El sufrimiento de los estudiantes en Lecumberri les dio un aire de mártires y se convirtieron en la imagen del Movimiento Estudiantil de 1968 a un grado tan importante que hoy son el referente más completo de la lucha a pesar de que sabemos que hubo otras realidades valiosas, como la labor de los brigadistas, el rol de las mujeres universitarias o la participación ciudadana.

estudiantes en Lecumberri
Fuente: movimiento, 2 de octubre, Tlatelolco, Secretaria de Salud

Entre el pánico y la violencia la estancia de los estudiantes en Lecumberri le regalaron al Movimiento Estudiantil un grupo de íconos masculinos que encabezaron la lucha. Actualmente los dirigentes que sobrevivieron a Lecumberri y a la masacre del 2 de octubre son quienes encabezan las marchas conmemorativas de la tragedia.

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