Por si te quedaban dudas: 8 pruebas de que te convertiste en tu mamá

convertiste en tu mamá

En algún momento de la infancia cuando nuestra mamá nos regañó juramos que al crecer y tuviéramos hijos jamás íbamos a ser tan “malvados” como nuestras propias madres. Ahora, lo quieras ver o no, te convertiste en tu mamá… y eso que ni hijos tienes todavía.

Tu mamá ya te enseñó “lo que es bueno y lo que es malo, tú sabrás” y claro que sí, cómo no vas a saber si aprendiste de la mejor.

Las pruebas de que te convertiste en tu mamá

Ya casi ni sales… y menos sin suéter

Los años van pasando y ya ni ganas te dan de salir de fiesta. Tus amigos ya andan igual, casados, con novio, con hijos y lo peor: sin ti.

Te entendemos, los años no pasan en balde y recuperarte de la noche anterior te sale más “caro” de lo que te vas a gastar.

Si llegas a salir, obvio cargas con suéter. No te vayas a enfermar y ya ves cómo anda el clima de “loco”. Evitaremos tocar el tema de que ya “bailas” igual que ella.

Los Tupper

¿Te acuerdas de la cara que puso tu mamá cuando le tuviste que dar la terrible notica de que habías perdido su Tupper favorito? Bueno, pues lamentamos informarte que esa misma cara pones tú cuando alguien de la oficina se atreve a meterse con tus “topers”.

¡La ropa!

Antes amabas jugar bajo la lluvia. Hoy apenas ves que se va nublando y un pensamiento ronda tu cabeza: ¡La ropa! Andas todo el día con la angustia de que no llueva para que se alcance a secar.

Te pareces más a tu mamá de lo que habías querido ver.

Bolsa con bolsas

En tu casa como en la de cualquier mexicano hay una bolsa que sirve para guardar bolsas ¿Sabes quién te heredó esa costumbre? Efectivamente, tu mamá.

Ahora sabes porque en toda en todos los hogares hay una bolsa de bolsas. Lo quieras o no, te convertiste en tu mamá.

Madrugas… hasta los fines de semana

Levantarse temprano es algo que de joven te costaba un mundo. Ahora que estás en pleno proceso de convertirte en tu mamá, ya hasta te levantas temprano.

No tiene nada de malo, lo malo es que lo haces hasta los fines de semana… y para que te “rinda” el día.

Te volviste “amiguero”

Cuando ibas a algún lado con tu mamá se tardaban mil años, básicamente porque ella se la pasaba saludando a medio mundo que la conocía.

Si no las conocía las hacia sus “amigas”. Cualquier fila era buena para socializar. Ahora tú ya vas para allá.

Comes bien

Juraste que las verduras nunca serían tu comida favorita. Quién te viera hoy que no sales de las ensaladas, la dieta y hasta la comida orgánica.

Ya no andas comiendo chucherías de la tiendita ni comes fuera de “tus horas”. Lo increíble es que tú te encargas de cocinar.

Las redes sociales ya te quedan “grandes”

Con forme van pasando los años le vas entendiendo menos a las redes sociales. Ya hasta te dan “miedo”, no vayas a “picarle” a algo que no quieres y publicas lo que no debes, mejor ni le mueves.

Tú “tranqui”, ese choque generacional es parte de convertirte en tu mamá.

No hacen falta más pruebas para demostrarte que te convertiste en tu mamá.

Lo bueno es que ya te mandas solo, ya trabajas y te mantienes, o eso esperamos.

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