El Home Office, una alternativa que sonaba a chiste en 2009. Crónica de la Influenza de 2009

crónica de la influenza de 2009

La actual coyuntura del Covid-19 tiene en el home office a su gran aliado, un asunto impensado en el 2009 para la labor informativa.

Internet y la tecnología a la mano no permitían un trabajo a distancia y las redes sociales eran un chiste. En DeMemoria, reconstruimos aquellos días y en especial lo que era afrontar la contingencia y cumplir con el horario laboral, en esta Crónica de la Influenza de 2009.

Crónica de la Influenza de 2009, los primeros días

crónica de la influenza de 2009

A finales de abril de 2009, se desató en México una pandemia que puso en alerta a todo el mundo. Por poco más de dos semanas, lo que ocurría en nuestro país fue materia en todos los informativos del mundo.

Los días previos a que se confirmaron los primeros contagios y posteriores muertes, es decir finales de marzo y las primeras semanas de abril, el futuro se avecinaba con un nuevo proyecto informativo, después de más de 15 años en la trinchera de la información radiofónica nos tocaba hacer televisión.

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En el recuerdo de esos días, un gran concierto de Peter Gabriel en el Foro Sol y el trabajo que transcurría entre las once de la noche y las ocho de la mañana del día siguiente, una de las tres veces en que he laborado en desafío al reloj biológico.

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La llamada esquina de la información, para los no enterados el cruce de Juárez, Bucareli y Reforma, era la sede de la nueva chamba y el lugar desde donde pude atestiguar un hecho inédito.

Después del 22 de abril, comenzaron a circular las versiones de un contagio de influenza, casos en la Ciudad de México y la autoridad tratando de descifrar lo que había que hacer.

Crónica de la Influenza de 2009, los días del contagio

crónica de la influenza de 2009

El horario laboral, ya de por sí difícil, se convirtió en tortuoso una vez que se confirmó la crisis y las primeras muertes.

crónica de la influenza de 2009

En la memoria, la salida de la casa un poco antes de las 10 de la noche. La esperanza de conseguir un pesero hacia el Metro Ermita y cuando no era posible, la larga caminata.

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El escenario, calles vacías, mi colonia es una especie de pueblo quieto, y todo por el hecho de que la mayor parte de la población era gente de la tercera edad. 

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Durante la caminata, de por lo menos 20 minutos, alguno que otro fantasma con su escudo azul y a la distancia prudente, la desconfianza por delante.

La llegada a la estación, el andén y un convoy semivacío en dirección al Metro Hidalgo. 

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Y lo primero que te asaltaba, la duda de agarrarse o no al tubo y las miles de historias de quienes ya habían dejado sus rastros en el cromado metal.

Las miradas agazapadas desde el cubreboca y lo peor, los ojos asesinos sobre quien osaba estornudar y toser. Muy pocas personas subiendo en cada estación y la llegada a la parada, el siguiente desafío el camino a la oficina.

La zona tenía sus detalles y muy en especial durante la noche. Un territorio de personas en situación de calle y de algunos antros, todos cerrados, visitados por personajes menos que estrambóticos.

crónica de la influenza de 2009

Y todo esto, en el sopor del cubrebocas, la mirada alerta y el miedo de que en la calle la Influenza te haría su víctima.

Crónica de la Influenza de 2009, la oficina

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En las luces de la oficina, luego de usar una generosa cantidad de gel antibacterial, se relajaba un poco la psicosis. Bromas, historias de contagios masivos, la preocupación sosegada ante cualquier estornudo y la veracidad de que algunos de nuestros compañeros ya habían contraído la enfermedad.

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La labor transcurría con cierta calma y lo mejor ocurría cuando llegaba el momento de apaciguar el hambre y la mejor opción, un puesto de tacos a unos metros de la entrada del diario Excélsior, sobre Bucareli.

Voluminosos tacos, generosas pieza de pan, un café con leche casi interminable, mientras en la calle los repartidores de los diarios matutinos aguardaban la hora del arranque de labores. Un momento casi mágico, en mitad de un escenario casi apocalíptico.

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El regreso a casa era un poco más colorido y cercano. Un convoy más nutrido, desfile de cubrebocas y rostros compungidos de quienes no podían sumarse a la cuarentena declarada por la autoridad.

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Los tiempos de la Influenza del 2009, fueron para muchos una especie de paseo por el abandono y la soledad, dos semanas que ahora reviven.

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Hoy, han pasado 11 años de haber vivido esos días de trabajo impregnados un poco de miedo e incertidumbre. Gracias a los avances tecnológicos y alternativas laborales, el tan famoso home office ha dejado de ser un chiste.

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