El humano detrás del monstruo: la otra cara de Gustavo Díaz Ordaz

¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando escuchas el nombre de Gustavo Díaz Ordaz? Seguramente has de pensar en el 68. ¿Sí o no? No es para menos. Ese año fue crucial para nuestro país. Aunque él haya dicho lo contrario, México no fue el mismo después de la matanza de Tlatelolco.

Sin embargo, muchos mexicanos nos olvidamos de la otra cara de Gustavo Díaz Ordaz: la de un hombre con gustos, aficiones y costumbres y que como mandatario gozaba de cierta legitimidad desde que tomó las riendas del país en 1964.

No pretendemos lavar su imagen ni mucho menos. Simplemente queremos compartir algunos datos curiosos sobre su persona. Habrá a quien le interese.

Debía medirse con la comida

Como buen poblano, a Díaz Ordaz le encantaba la comida mexicana. Sin embargo, debía medirse con la grasa y con el picante. Como tenía problemas digestivos, tenía que cuidar lo que comía. Por eso los banquetes no los disfrutaba mucho que digamos.

Nunca cenaba. Después de la comida, volvía a probar bocado pero hasta el día siguiente. Lo más que tomaba una que otra noche era un vaso de agua mineral.

Gustos literarios

Dependiendo de las circunstancias, Díaz Ordaz se levantaba entre las seis y las siete y media de la mañana. Terminando de desayunar, se ponía a leer periódicos dada su necesidad de estar bien informado.

Aunque tenía el hábito de la lectura, como presidente de la República no tenía tiempo más que de pasar la vista por documentos oficiales, expedientes, etc. Sólo cuando disponía de algunos minutos se distraía releyendo a sus autores favoritos, entre ellos Balzac y Eça de Queiroz.

Nadaba y practicaba golf en Los Pinos

Dicen que de joven Díaz Ordaz jugaba basquetbol. Aunque le gustaban los deportes, a sus cincuenta y tantos años ya no practicaba ninguno, salvo un poco de golf en Los Pinos y un poco de natación por las mañanas.

Le gustaba la música de Agustín Lara y de Armando Manzanero

Aunque disfrutaba toda clase de música, prefería la mexicana, ya fuera ranchera o valses antiguos. Le gustaba la música de Agustín Lara y de Armando Manzanero, pero también eran de su agrado Mozart, Beethoven y Tchaikovski.

Era amante de los rompecabezas

Aunque Díaz Ordaz no tenía ningún hobby, en sus años mozos le había gustado armar rompecabezas. Tanto era su gusto que los hacía personalmente: compraba el cromo y el triplay y con una segueta les daba forma a los cientos de piezas.

¿Qué pensaba de los hippies y de las minifaldas?

Él creía que cada quien podía ser libre para dejarse crecer la barba o el pelo si así lo quería. En cuanto a las faldas, decía que subían o bajaban según las modas, pero cada quien tenía la libertad para usarlas como quisiera; en otras palabras, la autoridad no tenía por qué meterse en la vida privada de las personas.

Condenó el asesinato de Martin Luther King

El 8 de abril de 1968, Díaz Ordaz calificó el asesinato de Martin Luther King como un crimen de lesa humanidad. Sin mencionar nunca la palabra “negro”, dijo que esa muerte le había causado profundo dolor. Finalmente, expresó sus deseos por que el rojo de la sangre del líder integracionista borrara para siempre las luchas por el color de la piel.

Después, con el movimiento estudiantil, México no volvió a ser el mismo. El 2 de octubre la historia se escribió con sangre y Díaz Ordaz pasó a ser considerado como uno de los villanos más odiados de la historia de nuestro país.

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