Trabajar no es cosa de niños: la dura realidad del trabajo infantil desde tiempos inmemorables

Desde tiempos inmemoriales, el trabajo infantil ha sido una realidad en todas las culturas. Por ello, desde el año 2002 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lanzó el 12 de junio como el Día mundial contra el trabajo infantil. La intención: tomar conciencia y concentrar esfuerzos para erradicarlo.

¿Qué es el trabajo infantil?

Básicamente, el trabajo infantil es toda actividad económica realizada por cualquier persona menor de 18 años de edad. Se trata de un problema porque les impide a los niños la realización de actividades propias de su edad. Además, da pie al trabajo forzoso, a la trata de personas y a modernas formas de esclavitud.

Hoy se piensa que los niños deberían trabajar únicamente en sus sueños, no en el campo ni en la fábrica ni en ningún lado.

El trabajo infantil en México

Según el investigador Josué Sauri García, en el México prehispánico niñas y niños eran educados desde casa para aprender a obedecer y se la pasaban apoyando en las actividades de sus padres.

De acuerdo con Patrick Staelens Guillot, es hasta la llegada de los españoles cuando encontramos las primeras disposiciones legales sobre el trabajo infantil. En las Leyes de Indias, por ejemplo, se prohibía el trabajo de los indios que no habían llegado a edad para tributar, es decir, los menores de 18 años.

Más tarde, en 1682, se prohibió el trabajo de los menores de 11 años en ingenios y obrajes, salvo que se diera bajo la figura de aprendiz.

Después de la Independencia, la edad mínima para trabajar ha variado entre los 12 y los 16 años. Actualmente, la Constitución de 1917 establece en su artículo 123 que

“Quedan prohibidas: las labores insalubres o peligrosas, el trabajo nocturno industrial y todo otro trabajo después de las diez de la noche, de los menores de dieciséis años”.

Asimismo,

“Queda prohibida la utilización del trabajo de los menores de quince años. Los mayores de esta edad y menores de dieciséis tendrán como jornada máxima la de seis horas”.

El fracaso de las leyes sobre el trabajo infantil

Todo esto está muy bien, pero la historia de la lucha contra el trabajo infantil, lo mismo en México que en el mundo, es la historia del fracaso de los distintos marcos jurídicos. Y no es necesario ser un especialista en la materia para darse cuenta. Basta salir a la calle y ver a niños limpiando parabrisas de automóviles a cambio de unas monedas.

Si viajamos en transporte público, también es de lo más normal encontrarse a niños pidiendo limosna, boleando el calzado, tocando y cantando o vendiendo los más diversos productos. Todo esto para ganarse unos pesos.

Y qué decir de los niños que venden periódicos, de los que hacen malabares en los semáforos y hasta de los tragafuegos. Es un espectáculo tan lastimoso que echa por tierra todos los esfuerzos legales en la materia.

Nuestra vista es tan corta que no alcanzamos a ser conscientes del trabajo infantil en el campo mexicano. Muchas veces, detrás de los alimentos que llevamos a la mesa está el esfuerzo de niños que trabajan más de 10 horas al día.

No está demás repetir que no es en el campo donde los niños deben trabajar, sino en sus sueños.

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